Nace Athlanta

Cuando nace un proyecto que ya es una realidad, no sabemos si perdurará, trascenderá, morirá de éxito o de aburrimiento en el metro de Moscú, como decía un conocido político hace ya muchos años. Pero lo que es cierto es que nace con ilusión, con empuje, robando horas al día, buscando los mejores asesores y compañeros de viaje, el mejor emplazamiento y los mejores clientes. Lo hace con esfuerzo, porque si eso no hay nada, con tesón, los proyectos son de los cabezotas, con ideas, con la confianza que te dan las relaciones, al final que no son otra cosa que las personas, y con la experiencia que te da un sector al que te tienes que apasionar: el inmobiliario. Recuerdo hace unos años que un alto directivo de un gran Banco hablaba de este sector como el de las piedras. Qué mal me sentaba, ese hombre no había entendido nada, creo que ahora se dedica a la tecnología, a la nube y eso. No, no. Prefiero mucho más que se hable del ladrillo, he visto constructores que abandonaban el cóctel de entrega y dejaban la alfombra y se iban a pisar la obra, el barro, promotores que cuando visionaban un suelo que estaban comprando se quedaban por un momento fuera de sí imaginando sus casas ya terminadas, inmobiliarios puros y duros que van por la calle más que viendo oliendo los edificios ordenándolos en su cabeza como un monopoly, urbanistas que toman el lápiz mágico y te dibujan la ciudad en cuadrícula de Mileto por el campo, pero es que la ciudad siempre crece por el campo y a este no se le puede poner puertas, algunos no se enteran, arquitectos que se rompen la cabeza para distribuir viviendas imposibles. En la cabeza de todos ellos he visto la pasión por lo inmobiliario, por un sector cuya materia prima está a nuestro alrededor todos los días y a todas horas. Porque cuando compramos o alquilamos una vivienda, pasamos por una carretera o tomamos un autobús, decenas de personas pensaron, trabajaron, planearon, le echaron horas con aquellos proyectos que ahora son realidad. Así nace Athlanta como una pasión por un sector que es el inmobiliario que perdurará siempre y que sólo los que lo conocen bien saben de lo que estamos hablando. Alea jacta est.

 

 

Los fondos inmobiliarios en España

Vinieron para quedarse cuando la prima de riesgo superaba los 600 puntos básicos y nos acercábamos al abismo, cuando Europa rescataba las primeras Cajas de Ahorro y nos invitaba a crear la Sareb. Los Bancos y Cajas, sobre todos estas últimas, se quedaban noqueados en la lona de la quiebra técnica, enladrillados con unas tasas de mora que ni en sus peores escenarios hubieran imaginado y, mientras pensaban que qué había pasado, se quedaban con la mirada perdida sin saber muy bien qué hacer. El sistema financiero había quedado tocado para siempre. El pesimismo se instalaba inexorablemente y al calor del desplome del mercado inmobiliario que había tocado techo en 2007 llegaban a España Fondos inmobiliarios dispuestos a invertir su dinero con nombres de árboles o estrellas de los que nunca antes habíamos oído hablar. Y la verdad es que venían bien asesorados, esto es Europa, España es un país amable, se come bien, tiene mucho sol, rodeado de mar y buenas playas, grandes infraestructuras, deportistas o cantantes internacionales triunfadores, equipos de fútbol que lo ganan todo, un país tradicional con 500 años de antigüedad, la gente es vividora, le gusta la calle, es emprendedora y tiene ganas de trabajar. Y la verdad es que acertaron. Trajeron su liquidez cuando más la necesitábamos, han ganado dinero, bastante a decir verdad, porque a eso venían, y encima se están divirtiendo. Y la verdad es que hay que decir que gracias a ellos el sector inmobiliario, al albur de la economía, se ha revitalizado, ha vuelto a resurgir. Y lo mejor de todo es que han comprado casi toda la deuda inmobiliaria que estaba en manos de los Bancos, zapatero a tus zapatos, y les quedan como mínimo unos 5 años para gestionarla y sacarle la TIR que tenían prevista. Y lo gestionan de otra forma, con mayor pragmatismo, a otra velocidad, echándole todas las horas que sean necesarias, más intensidad y a veces con más imaginación. Tampoco exageremos porque no todo es bueno, ya tendremos ocasión de hablar de ello. Pero el balance es, en todo caso, mucho más positivo que negativo. En este entorno Athlanta se hace acreedor de esa forma de trabajar y la hace suya; con pragmatismo, velocidad, intensidad, creatividad y experiencia.

Invertir en Madrid

Madrid, capital del Reino, centro administrativo del Estado, ciudad de negocios, de ocio, finanzas, sede las principales multinacionales españolas y de grandes compañías extranjeras, capital cultural del Estado, ciudad cosmopolita y bullanguera, moderna y a la vez provinciana, futbolera, ludópata, gastronómica y lujuriosa, donde los madrileños pasean con las manos en los bolsillos como nadie en el mundo y por la noche se duerme poco y se baila mucho, ciudad acogedora por excelencia, Madrid bien merece una misa. Centro de Castilla, poblachón manchego, ombligo del mundo, lugar de tránsito de tres continentes, donde todos quieren tener un sitio para disfrutar de los pequeños placeres de la vida; un caldo, unos huevos rotos, unas porras, un cuadro, un partido de tenis o de fútbol, una ópera, un beso en el Retiro sabe mejor, las campanadas, las fuentes, un paseo en barca… En Madrid las crisis se pasan menos mal, el bullicio se traslada a la calle, el consumo se reprime menos, la vida se disfruta de otra manera, el lugar de España donde todos los forasteros quieren tener una casa, donde la soledad no tiene término medio, donde suena un bolero y se quiebra una voz, ciudad de niños y viejos, estudiantes e inmigrantes que se hacen chelis, donde anidan las aves migratorias y se esconden pájaros de toda calaña. A pesar de estos últimos y de los políticos que no la quieren, Madrid les sobrevivirá, nos sobrevivirá, es un valor refugio, una inversión segura. Los precios de la vivienda suben, apenas hay obra nueva y los jubilados se desesperan, se rehabilita más y hay que darse prisa porque viene mucha más gente para acá, Madrid citta aperta, tiene recorrido de siglos, ya lo decían Lope y Cervantes o si no nos lo inventamos, hay que invertir en Madrid.